Crecimiento y Desarrollo

Dedicada a la conceptualización y normalización del crecimiento y desarrollo de la población cubana

CONTROL DEL CRECIMIENTO

El niño crece regularmente hasta que se manifiestan plenamente
-si el medio en que se desarrolla resulta favorable- todas las potencialidades heredadas de sus padres. Este proceso complejo y continuo tiene variaciones en su ritmo, de manera tal que en el primer año de vida postnatal, o durante la adolescencia, su velocidad es superior a la de otras etapas.
El más antiguo estudio publicado acerca del crecimiento de un niño fue realizado, entre 1759 y 1977, por el Conde Philibert de Montbeillard, quien obtuvo la curva de distancia y la curva de velocidad de crecimiento de la estatura de su hijo al medirlo periódicamente cada seis meses, desde el nacimiento hasta los 18 años. A partir de ese momento se pudo conocer que aunque el crecimiento y desarrollo de los niños se produce continuamente desde la concepción hasta la adultez, éste no ocurre siempre con la misma intensidad, aunque tampoco de forma desordenada. Existen fluctuaciones mínimas en el ritmo de crecimiento de los niños , con dos períodos de crecimiento rápido: uno, desde la concepción hasta los dos primeros años de la vida y otro durante la adolescencia, separados éstos por una etapa menos activa pero más uniforme que abarca los años preescolares.

La regulación del crecimiento es compleja. Factores genéticos, nutricionales, neuronales y hormonales ejercen funciones reguladoras. Las hormonas que tienen un rol establecido incluyen la hormona del crecimiento (Growth Hormone, GH), las hormonas tiroideas y los esteroides sexuales. La GH promueve principalmente el crecimiento lineal de los huesos largos, mientras que la acción de los esteroides sexuales y de las hormonas tiroideas es menos bien conocido aunque se ha comprobado que influyen en la secreción de GH y ejercen efectos específicos sobre la maduración esquelética. Los glucocorticoides y la insulina también tienen un rol importante en la regulación del crecimiento.
Sin embargo, en el control endocrino del proceso de crecimiento no sólo las hormonas están envueltas; proteínas portadoras de hormonas, factores de crecimiento y sus proteínas portadoras, así como la etapa de madurez y cantidad de los receptores de éstos en las células diana pueden jugar también un rol crítico. A esto habría que agregar que la secreción hormonal sigue un patrón pulsátil, como ocurre con la hormona de crecimiento (Growth Hormone, GH), con picos más altos durante las noches así como durante la pubertad. Tales mecanismos regulatorios del crecimiento interactúan y cambian de carácter con la edad.
Un elemento de confusión adicional es que algún crecimiento puede tener lugar sin involucrar los mecanismos gobernantes centrales como lo demuestran estudios en animales en los que se ha observado que el catch-up de crecimiento ha estado regulado localmente, a nivel tisular, y no necesariamente bajo la influencia de factores de crecimiento circulantes. Por estas razones, la medición de una hormona o factor de crecimiento en una muestra simple de tejido, sangre u orina solo aclarará una pequeña parte de este complicado mecanismo.

Existe consenso acerca de, al menos, tres fases endocrinas distintas en el crecimiento de los niños que se corresponden con las etapas antes señaladas. Esto es:
1. Elevada tasa de crecimiento durante la vida fetal con rápida deceleración hasta alrededor de los tres años
2. Tasa menor de crecimiento con lenta disminución de la velocidad hasta la pubertad.
3. Incremento de la tasa de crecimiento con el inicio de la pubertad hasta alcanzar el pico de velocidad de talla, el que es seguido por una desaceleración hasta el cese del crecimiento.

Este modelo considera que en el crecimiento lineal de los niños existen tres componentes que son aditivos y parcialmente superpuestos. Estos componentes son: el componente infantil (I), el de la niñez (N) y el componente puberal (P). En él se representa el crecimiento lineal durante los tres primeros años de la vida con la combinación de un componente infantil que se desacelera rápidamente y un componente de la niñez que muestra una desaceleración lenta que comienza a actuar desde la segunda mitad del primer año de vida postnatal. Desde los tres años hasta la madurez el crecimiento lineal es representado por la suma de los componentes infantil y de la niñez y un componente puberal que opera durante la adolescencia.

La talla adulta final de un individuo es el resultado aditivo de los tres componentes. No solo es importante la magnitud de cada uno  de ellos, también lo es especialmente la duración de la fase de la niñez: un inicio tardío de este componente reduce la talla final y un final tardío la incrementa.
Cada componente contribuye de manera diferente a la talla del niño, a su talla sentada y a la longitud de las piernas (Tabla No.1).

El componente infantil contribuye más a la talla sentada que el de la niñez mientras que ocurre lo contrario para la longitud de las piernas. De este modo, las diferentes regiones corporales son influenciadas de manera desigual por cada una de las tres fases del crecimiento. Existe también una diferencia sexual en la influencia de los tres componentes: en los componentes infantil y puberal está relacionada con su magnitud, mientras que la del componente de la niñez es básicamente debida a la disparidad en duración, ya que se prolonga por más de dos años en los niños respecto a las niñas.  

Durante el período que precede a la edad de inicio del componente de la niñez más del 80% de los niños sanos tienen un patrón de crecimiento desacelerante, libre de influencias estacionales. Para la mayoría de los lactantes esa fase del crecimiento parece ser muy estable a través del tiempo, aunque la magnitud del componente infantil varía de individuo a individuo. Para el momento de inicio del componente de la niñez, alrededor del 75% de los niños normales muestran un incremento abrupto de la tasa de crecimiento aunque en los niños con un inicio temprano de este componente es común observar un patrón más suave de crecimiento que en aquellos con un inicio tardío, ello se considera debido a la influencia desacelerante del componente infantil. Este patrón suave también puede observarse cuando el inicio del componente de la niñez ha ocurrido en el intervalo entre dos observaciones.

Los niños con un componente infantil de pequeña magnitud tienden a presentar un inicio temprano del componente de la niñez, lo que parece compensar la baja ganancia inicial. Las niñas tienen un inicio más temprano que los varones, lo que coincide con la menor velocidad inicial de su componente infantil. O sea, el inicio del componente de la niñez está relacionado con la magnitud del componente infantil.

Se considera que si un niño crece más de tres cm en el período que media entre los 12-15 meses de edad tiene un inicio “normal” del componente infantil mientras que si su incremento en longitud durante este período es menor de dos cm se identifica como un inicio “retardado”. Este inicio tardío es indicativo de trastornos en el proceso de crecimiento.

  1. Componente infantil.
  2. Componente de la niñez.

Cerca de las dos terceras partes de los niños normales ajustan su crecimiento lineal durante los primeros 18 meses de vida, después de lo cual la influencia de la estatura de los padres deviene más importante. Ello ha sido explicado por un ajuste gradual de la influencia del componente infantil al de la niñez durante esa etapa. Durante el segundo año de vida el crecimiento es el resultado de ambos componentes.

La mayoría de las regiones del cuerpo muestran curvas de crecimiento semejantes a la de la estatura ya que crecen de modo similar a ésta pero el cerebro, los órganos de la reproducción, los tejidos de las amígdalas, las adenoides y los ganglios linfáticos, así como la grasa que se sitúa debajo de la piel, lo hacen de manera diferente.

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