Crecimiento y Desarrollo

Dedicada a la conceptualización y normalización del crecimiento y desarrollo de la población cubana

Edad biológica

Desde el nacimiento hasta la edad adulta el organismo pasa por una serie de estadios de crecimiento y desarrollo que implican un grado creciente de maduración, existiendo diferencias individuales en el ritmo con que este proceso ocurre que pueden observarse durante toda la etapa de la niñez pero que son particularmente notorias en la adolescencia, en la que pueden existir grandes diferencias entre niños de igual edad cronológica. Por ejemplo, si se observa un grupo de niñas de 13,5 años, algunas son pequeñas y  sin ningún desarrollo de sus caracteres sexuales, otras ya presentan el desarrollo físico y sexual de una mujer adulta y algunas se encuentran en una situación intermedia entre esos dos grupos.
Existe pues, al margen de la edad cronológica de un individuo, dada por el número de días transcurridos desde su nacimiento una edad biológica o de desarrollo que expresa el nivel de madurez alcanzado. Cada niño tiene un ritmo propio de maduración que está determinado genéticamente y que Frank Boas denominó como Tempo de Crecimiento, éste constituye una especie de reloj biológico que a veces va acelerado, otras va lentamente y también puede marchar a una velocidad promedio. De este modo, podremos encontrar niños que son maduradores tempranos, otros que son maduradores promedio y otros que son maduradores tardíos.
Las niñas son más adelantadas que los niños en su nivel de madurez a todas las edades; en la adolescencia esto es más evidente, por lo que durante cierto período resultan más altas y pesadas que los niños y presentan signos de desarrollo sexual cuando éstos aún tienen un físico infantil.
La existencia de diferentes ritmos de maduración no tiene ninguna implicación para la salud de los niños, simplemente unos llegan a alcanzar antes que otros determinado desarrollo. No obstante, debido a que condicionan diferencias transitorias en el físico y también en la capacidad mental y de trabajo influyen, de manera importante, en el desarrollo emocional y la adaptación social de los individuos.
A los niños que maduran tempranamente, frecuentemente se les exige más de lo que ellos son capaces de dar por tener la apariencia de adultos, aún cuando su experiencia no es diferente a la de otros. Por otra parte, por tener mayores dimensiones y mayor capacidad para el ejercicio físico se encuentran en una posición ventajosa en situaciones competitivas y su tamaño, madurez y fortaleza es altamente valorada entre sus compañeros.
Los maduradores tardíos tienden a tener mayores necesidades de dependencia y a sentirse preocupados por su talla baja o su menor desarrollo sexual; el conocimiento de que crecer lentamente es normal y de que ellos alcanzarán con el tiempo el mismo nivel de desarrollo que sus compañeros puede aliviar sentimientos de ansiedad e inadaptación de estos niños.
Es difícil encontrar un método que pueda evaluar el grado de madurez general alcanzado por el individuo ya que ésta ocurre en todos los órganos y sistemas y no es uniforme a todos ellos. Por otra parte, los eventos que se utilizan para esta valoración deben tener la característica de que ocurran en todos los individuos normales durante su etapa de crecimiento. A partir de estas premisas se utilizan diferentes formas para evaluar el grado de madurez biológica, así se habla de la edad del esqueleto, de la edad dental y de la edad morfológica; también la valoración del desarrollo sexual se considera un procedimiento útil para evaluar el nivel de maduración alcanzado por el individuo

De todos los indicadores de madurez se considera que la edad del esqueleto, también llamada edad ósea, es el mejor con que se cuenta en la actualidad. Consiste en comparar la radiografía de una zona del esqueleto con determinados patrones.
Entre los métodos más conocidos para su evaluación se encuentra el de Greulich y Pyle.
Compara la mano a valorar con una serie de radiografías patrones hasta obtener aquella que se le asemeje más y el de Tanner y Whitehouse que evalúa por separado 20 huesos de la mano y muñeca, le asigna a cada estadio de maduración un valor de una escala de puntuaciones y éstas se llevan a una tabla que identifica la edad ósea del sujeto en cuestión y permite su ubicación dentro de un gráfico de percentiles
De forma práctica se considera que de los cuatro años en adelante, la edad ósea puede ser igual a la edad cronológica con una variación normal de ±2 años, o sea, los niños normales de ocho años pueden tener una edad ósea entra 6 a 10 años; el retraso o adelanto de más de un año expresa una velocidadde maduración física lenta o rápida respectivamente. Antes de los tres años, los límites de maduración normal son más estrechos.
Su estimación es muy útil en el estudio de los problemas del crecimiento de los niños y también para evaluar si es adecuado o no el desarrollo sexual alcanzado. En muchos casos en que se piensa que existe alguna situación anormal sólo nos encontramos frente a niños maduradores tardíos que resultan de baja estatura o con escaso desarrollo sexual para su edad cronológica pero que tienen una talla y un desarrollo sexual acordes con su edad ósea o, en otras palabras, acordes con su edad biológica.

La edad biológica también se puede obtener al valorar el desarrollo dentario; para ello se pueden utilizar dos procedimientos: uno es a partir del empleo de radiografías panorámicas que permiten conocer el grado de calcificación alcanzado por los dientes que se encuentran aún sin brotar dentro de los maxilares. La comparación de patrones de calcificación dentaria posibilita la determinación de la edad dental del individuo, de modo semejante a la valoración de la edad ósea.
El otro procedimiento consiste en el recuento de los dientes que han brotado. Primero se lleva a cabo con la dentición temporal que brota entre los seis meses y dos añosy, posteriormente, con la dentición permanente que lo hace entre los seis y doce años.

El niño experimenta cambios en la forma y en sus proporciones corporales a medida que avanza en edad. De modo general, las partes distales se encuentran más cerca de sus dimensiones adultas que los segmentos proximales por lo que, por ejemplo, la mano está más cerca de su tamaño adulto que el antebrazo y éste más cerca que el brazo. Lo mismo ocurre con las extremidades inferiores. El segmento superior del cuerpo también se encuentra más cercano a sus dimensiones finales que el segmento inferior y, de esta forma, a medida que se avanza en edad la longitud de las piernas va representando una proporción mayor de la longitud total del cuerpo.

No existe ninguna combinación de dimensiones corporales universalmente aceptada para evaluar la edad morfológica, quedando hasta el presente como un campo de investigación. En sustitución de ello frecuentemente se utiliza la edad-talla que consiste en asignarle al individuo la edad en que su talla se corresponde con el valor de la media de la norma con la que se esté comparando al niño. Por ejemplo, si un niño mide 100,5 cm de estatura, su edad-talla es de 4 años, porque es éste el valor de la media de talla de la norma nacional a esa edad.

El estadio de desarrollo alcanzado por los caracteres sexuales secundarios y la aparición de la menarquía en la niña también son elementos claves para la estimación de la madurez biológica durante la adolescencia. Diversos autores se basan en su comportamiento para clasificar a aquellos que se encuentran en esta etapa de la vida como maduradores tempranos, promedios o tardíos en su desarrollo. En ello hay que tomar en cuenta que, además de que la aparición de estos caracteres no ocurre a igual edad dentro de los individuos de un mismo sexo, tampoco todos transitan con igual rapidez desde los estadios iniciales hasta los finales independientemente de si los cambios han comenzado temprano o tardíamente.

Basados en estos hechos algunos autores consideran que los maduradores tempranos son aquellos que alcanzan los estadios finales de sus caracteres sexuales en edades precoces de la vida y que los tardíos son los que concluyen a edades avanzadas, pero estos criterios tienen la desventaja de que sólo permiten una valoración retrospectiva del proceso de maduración del individuo cuando lo que habitualmente se desea es la posibilidad de predecir, con un rango aceptable de error, el futuro más o menos inmediato del niño en lo referente a su desarrollo físico y sexual.

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