Crecimiento y Desarrollo

Dedicada a la conceptualización y normalización del crecimiento y desarrollo de la población cubana

EVALUACIÓN DEL CRECIMIENTO

El crecimiento de los niños refleja su salud y bienestar general y también puede ser empleado para predecir el rendimiento, la salud en etapas posteriores de la vida y la supervivencia. Su evaluación se realiza mediante el empleo de índices antropométricos que se utilizan, tanto a nivel individual para las decisiones clínicas, como a nivel poblacional para el diseño de programas y estrategias de salud pública.
Los índices antropométricos se pueden expresar en forma de percentiles, puntuaciones Z o porcentajes de la mediana que se usan para comparar al niño o a la población estudiada con un población de referencia.  

Entre las características generales más importantes del crecimiento infantil se encuentran la canalización y la armonía por lo que al evaluar el crecimiento de un niño es importante evaluar, en cada caso en particular, estas características.

Para realizar un diagnóstico adecuado del estado de salud y nutrición de un niño es indispensable hacer una anamnesis cuidadosa y un examen físico riguroso ya que la antropometría solo va a ser útil para establecer si su crecimiento  es o no adecuado o típico para su edad y estado de maduración biológica. Combinando la información que brindan todos estos elementos es que podremos lograr evaluar eficazmente si en realidad es un individuo saludable.

En el caso de la antropometría ya hemos observado que es importante, además,  tomar en consideración las  evaluaciones previas, sobre todo en el caso de los niños mayores de dos años que ya deben haber canalizado su crecimiento.

Para analizar si el crecimiento de un niño es o no adecuado es necesario comparar los valores obtenidos en su medición con normas que, idealmente, deben proceder de investigaciones en las que se hayan estudiado muestras representativas de la población a la que el individuo pertenece;  cuando éstas no existen, se utilizan referencias que hayan sido aceptadas convencionalmente para uso internacional, como son los nuevos patrones de crecimiento y desarrollo de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Norma: Abarca la noción de modelo o meta deseable y, por lo tanto, implica un juicio de valor.

Referencia: Instrumento para agrupar y analizar datos, que proporciona una base común para comparar poblaciones, no se deben hacer deducciones acerca de las diferencias observadas.

En nuestro país se dispone de referencias nacionales de estas dimensiones expresadas en forma de percentiles, que fueron obtenidos en una muestra que reúne las características mencionadas anteriormente en la Investigación Nacional sobre Crecimiento y Desarrollo, efectuada por Jordán y cols. durante la década de los años setenta. En las medidas cuya distribución de valores a cada edad es normal, el valor del percentil 50 se corresponde con el valor de la media y en las tablas correspondientes aparece consignada la desviación estándar para cada grupo de edad y sexo; este es el caso de la talla y de la circunferencia cefálica.

La columna edad de las diferentes tablas muestra la edad en meses de los niños (para uso en los menores de dos años) o la edad en años de edad decimal. Esta edad se corresponde con la edad centrada de cada grupo; así, por ejemplo, el grupo de edad de 3 años incluye los niños entre 2.5 y 3,5 años, el grupo de edad de 6 años incluye niños entre 5,5 y 6,5 años y así sucesivamente.

Edad decimal: Forma más precisa de evaluar la edad del individuo que permite ubicarlo exactamente en la escala de edades, ya que transforma los doce meses del año en milésimas. Para calcularla se necesita la fecha de nacimiento del individuo, la fecha de examen y realizar una simple operación de resta. El entero lo proporcionan los dígitos del año. La fracción decimal se busca en la tabla de edad decimal. Veamos un ejemplo: Supongamos que hoy es 18 de febrero del 2002. El entero es 2002. Busquemos en la tabla, en la columna del mes 2, el día 18. Leemos:132. La fecha decimal de hoy es 2002.132. Supongamos que en esta fecha examinamos una niña que nació el 24 de septiembre de 1997. El entero es 1997 y el decimal que encontramos en la intersección del mes 9, con el día 24, es 729. La fecha decimal del nacimiento será: 1997. 729.

Hagamos ahora la  resta:  2002.132 (Fecha de examen)  1997.729 (Fecha de nacimiento) = 4.403. Es decir,  la edad decimal de la niña que hemos tomado como ejemplo es de 4,403 años.

Los criterios de interpretación que se utilizan en el caso de las dimensiones más usadas para evaluar el crecimiento de los niños y adolescentes son los siguientes:

Talla: Se ubicará el valor registrado para cada niño en las curvas de estatura para la edad, considerando como normales o típicos aquellos que se encuentren entre los percentiles 3 y 97, con baja talla a los que se ubiquen por debajo del percentil 3 y con talla elevada a aquellos por encima del percentil 97. En caso de utilizar puntuaciones Z para la evaluación de un niño se usarán los valores de  2 como límites de la normalidad.

Aunque ésta es una manera práctica para interpretar si la talla de un niño es adecuada o no para su edad, es importante tener en cuenta que el valor que un sujeto alcanza está supeditado a la estatura de sus progenitores por lo que siempre es importante relacionar la talla del niño con la de sus padres; es de esperar que si éstos son de baja estatura el niño también lo será y viceversa.

Para ello se ha propuesto un método sencillo y práctico que es útil fundamentalmente después de los dos años y hasta el inicio de la adolescencia; este método consiste en ubicar la estatura de los padres en el extremo final de la curva de talla del sexo del niño, es decir, a los 19 años (después de esta edad el crecimiento es nulo en la mujer y muy pequeño en el hombre). A continuación, se corrige la estatura de uno de los progenitores en dependencia del sexo del hijo: si éste fuera varón, se sumará 12 a la estatura de la madre, y si fuera hembra, se restará 12 a la estatura del padre; esta cifra es el valor de la diferencia entre las estaturas adultas de hombres y mujeres en nuestra población.

De esta forma, se constituirá una especie de canal limitado  por los percentiles en que se ubiquen las estaturas de ambos padres; en estos límites deberá estar situada la estatura del niño con relación a su edad cronológica. En ocasiones y probablemente debido a que se han desarrollado en mejores condiciones socioeconómicas que sus padres, se encontrarán niños ubicados en una posición superior a la esperada sin que esto tenga ninguna significación patológica; por otra parte, aquellos en una posición inferior  deberán ser motivo de estudio para descartar alteraciones de la salud del niño aún cuando se encuentren dentro de los límites de la normalidad.     
Estas relaciones entre la talla de los niños y la de sus padres comienzan a evidenciarse después de los dos primeros años de la vida; antes de eso la talla está intensamente influenciada por el ambiente materno en que se desarrolló el niño durante el embarazo. Por estas razones, es común observar que los lactantes pequeños ascienden percentiles en la búsqueda del percentil medio de sus padres mientras que en el caso de los recién nacidos grandes, con padres de baja estatura, frecuentemente se produce una desaceleración de su crecimiento y descienden de percentiles hasta alcanzar un nuevo canal entre el año o el año y medio.

Otro aspecto importante al evaluar esta dimensión se relaciona con la corrección de la edad del niño en el caso de los lactantes con antecedentes de prematuridad. En ellos se puede evitar el exceso de diagnóstico de retraso del crecimiento restando las semanas de premadurez a la edad postnatal del niño, considerándose que esto debe efectuarse hasta los tres años de edad.

Para los adolescentes, las variaciones normales del momento en que se produce el estirón de crecimiento también pueden conducir a diagnósticos erróneos de anomalías del crecimiento.

Peso: Para el análisis de esta dimensión habitualmente se utilizan percentiles de peso según la edad de los niños y percentiles de peso para la talla. El peso para la edad es un indicador particularmente valioso en el niño menor de un año. En edades posteriores es importante relacionarlo con la talla alcanzada por el individuo ya que muchos niños con peso adecuado para la edad pueden aparecer como muy delgados o, eventualmente, con sobrepeso; de igual forma, encontraremos niños con bajo peso o con peso excesivo para su edad cronológica que al compararlos con su estatura tengan un crecimiento armónico.
Se consideran normales o típicos aquellos que se ubiquen entre los percentiles 10 y 90, los que se  encuentren por debajo del percentil 10 se señalarán como con bajo peso para su edad o para su talla y los que se encuentren por encima del percentil 90, con peso elevado para su edad o para su talla.

Los valores del peso en una población no tienen una distribución normal (en forma de campana) sino asimétrica, con un sesgo a la derecha; por esa razón, no se recomienda el uso de valores de la media y de la desviación estándar para su evaluación.

Estos criterios son en general válidos para los niños menores de diez años; después de esta edad en muchos niños ya han comenzado a producirse los cambios hormonales que caracterizan a la pubertad y ellos condicionan importantes modificaciones en las proporciones del cuerpo y en la composición corporal que influyen en el peso de los individuos. Por esta razón, actualmente se recomienda que a edades posteriores se evalúe el comportamiento de la masa corporal de los adolescentes mediante el uso del Índice de Masa Corporal (IMC), que permite considerar tanto la edad cronológica como la talla alcanzada y que se obtiene dividiendo el peso en kilogramos entre la talla en metros elevada al cuadrado, esto es: IMC= Peso (Kg)/ Talla(m 2).

Los límites de la normalidad con el uso de este índice son similares a los que se utilizan en el caso del peso para la edad o del peso para la talla.

Hay que señalar que existen niños constitucionalmente delgados y constitucionalmente pesados como consecuencia de las características físicas heredadas de sus padres, los que pueden encontrarse en estas categorías de bajo peso o de peso elevado sin que esto tenga ninguna significación anormal.

En los casos en que el peso presente valores inferiores o superiores al de los percentiles extremos de las curvas de peso para la talla, o del IMC en el caso de los adolescentes,  se considerará altamente probable la existencia de desnutrición u obesidad, aunque siempre deberá tenerse en cuenta que la utilización aislada del peso no es totalmente satisfactoria para esta evaluación ya que está constituido por diferentes componentes y éstos pueden contribuir aisladamente, de manera diferente, al peso total del sujeto. Por ejemplo, no todos los individuos con sobrepeso tienen un exceso de grasa; en ocasiones esto es debido al desarrollo muscular u óseo; de ahí que en esos casos siempre resulte recomendable evaluar la composición corporal del sujeto.

Composición corporal: Asume que la masa corporal no es un todo uniforme sino que está constituida por diferentes componentes. Los procedimientos más comúnmente utilizados para su evaluación se basan en la suposición de que el organismo está constituido por dos grandes componentes, la masa magra exenta de grasa y el tejido graso; entre los métodos que utilizan este modelo se encuentran la densitometría, la determinación de agua corporal total y de potasio corporal total, la cuantificación de metabolitos musculares, la conductividad eléctrica, la impedancia y la antropometría.
Las técnicas de análisis de activación de neutrones dan información sobre un modelo de cuatro componentes: agua, proteínas, mineral óseo y grasa. La medición de la absorción de fotones provee datos sobre la grasa, el mineral óseo y los tejidos libres de grasa.
La mayoría de estos procedimientos no son aplicables para uso clínico por su complejidad y costo; de ahí que se requiera del desarrollo de métodos más simples como la antropometría que permite, dentro de un cierto margen de error, obtener información acerca de las características de la composición corporal de los individuos y que puede ser aplicada- tanto a nivel individual como poblacional- para propósitos asistenciales y de investigación en condiciones de terreno. Para ello utiliza una variedad de dimensiones simples como los pliegues grasos o la combinación de varias de ellas (pliegues y circunferencias) para la obtención de indicadores como las áreas de músculo y grasa del tercio medio del brazo.

Pliegues grasos: Se consideran normales o típicos aquellos que se ubiquen entre los percentiles 10 y 90, los que se  encuentren por debajo del percentil 10 se señalarán como con valores bajos de grasa para su edad  y los que se encuentren por encima del percentil 90, con valores altos de grasa para su edad. En las figuras y tablas se muestran los valores según edad y sexo de los pliegues tricipital, subescapular, suprailíaco y de la suma de estos pliegues.

Áreas de músculo y grasa del tercio medio del brazo: Las áreas de músculo y grasa se estiman a partir de la circunferencia del brazo y el pliegue tricipital, considerándose indicadores útiles, respectivamente , de la masa muscular y la grasa corporal y, por ende, de las reservas proteicas y energéticas del organismo.

Las fórmulas para la estimación de las áreas son las siguientes:

Area de Músculo (AM)= (CB (cm) – Π.PT (cm))2/4Π

Area de Grasa (AG): Se estima a partir de la sustracción del valor del área de músculo del de Area del brazo (AB) que se calcula con la fórmula:

Área de brazo (AB)= (CB (cm))2p/4Π

De modo que

AG= AB-AM y donde;
CB= Circunferencia del brazo
PT= Pliegue tricipital

Se ha constatado una alta correlación entre estimados de masa magra obtenidos por excreción de creatinina y valores del área de músculo y se ha confirmado la relación lineal que existe entre el área muscular del brazo y la masa muscular total; se considera, además, que el área de grasa brinda, sistemáticamente, mejores estimados del peso de la grasa corporal en kilogramos que los pliegues, tanto en niños como en adultos.

Se clasifican como normales o típicos aquellos que se ubiquen  entre los percentiles 10 y 90 de cualquiera de ambas áreas. Los que se encuentren por debajo del percentil 10 pero por encima del 3 de estos indicadores se considerarán en una situación de riesgo de déficit nutricional y aquellos por debajo del 3 como portadores de valores definitivamente bajos de masa magra o grasa según el caso. Recordar que el rasgo cardinal de la desnutrición proteico-energética es la pérdida de masa magra.

Por su parte, los niños situados por encima del percentil 90 se considerarán en riesgo de malnutrición por exceso y aquellos que muestren valores superiores al del percentil 97 del área de grasa se evaluarán como obesos.

Las Figuras muestran los valores según edad y sexo de las áreas de músculo y grasa.

Circunferencia cefálica: Se ubicará el valor registrado en las curvas de circunferencia cefálica según la edad de los niños  y se considerarán como normales o típicos aquellos que se encuentren entre los percentiles 3 y 97. Aquellos niños por debajo del percentil 3 o por encima del 97 deberán ser observados periódicamente hasta precisar si las mediciones repetidas mantienen o no un ritmo estable y normal de crecimiento. Si se utilizan puntajes Z para evaluar el crecimiento de esta dimensión se utilizarán los valores de ±2 D.E. como límites de la normalidad, como es usual en las medidas que, como la circunferencia cefálica, tienen una distribución normal.  

En el caso de los lactantes prematuros deberá corregirse la edad cronológica del niño restando las semanas de premadurez al evaluar esta dimensión. Esto deberá realizarse durante los primeros 18 meses de la vida.

Una vez evaluados cada uno de los indicadores habitualmente usados para conocer si el crecimiento y desarrollo de un niño o adolescente son adecuados, resulta necesario integrar esta información para reunirla posteriormente con la proporcionada por los antecedentes patológicos personales y familiares, los hábitos dietéticos del niño, los patrones familiares de crecimiento, las condiciones psicosociales y económicas de la familia y, por supuesto, un examen físico riguroso para, de este modo, lograr un diagnóstico adecuado del estado de salud y nutrición del niño.

Para integrar la información que brindan los indicadores antropométricos se deberá  observar de conjunto el comportamiento individual de cada uno de ellos. Además, podremos encontrarnos en dos circunstancias diferentes:  una de ellas sería cuando evaluamos a un niño por primera ocasión (Evaluación inicial) y la otra cuando lo hemos ido observando en el transcurso del tiempo (Evaluación longitudinal).

Evaluación inicial: Habitualmente dispondremos de la información de los tres indicadores básicos: talla/edad, peso/talla (o IMC para la edad) y peso/edad; si es  un niño menor de seis años dispondremos también de la circunferencia cefálica/edad. ¿Cuáles serían los pasos a seguir?

En primer lugar es necesario tener información precisa sobre la edad del niño. Para ello calcularemos la edad decimal o también podremos, en el caso de los niños menores de dos años, calcular la edad en meses y utilizar las tablas y gráficos que se encuentran con ese formato.
·Comenzaremos por observar la ubicación percentilar de la talla; ella  nos indicará si el niño es o no portador de un retardo de su crecimiento o de una alta talla. Siempre será importante recordar que esta ubicación depende en gran medida de la talla de los padres y que, por tanto, el niño puede estar dentro del supuesto rango de la normalidad pero no acorde con sus potencialidades.
·Continuaremos con la evaluación de la relación peso/talla. Si es un niño pequeño se utilizarán los valores de esta relación que no toman la edad en consideración pero, si se trata de un niño mayor de 10 años, será recomendable el uso del Indice de Masa Corporal (IMC). Combinando esta información con la de la talla/edad podremos hacer un juicio de la situación nutricional del niño de la siguiente manera:

INDICADOR TERMINOS QUE DESCRIBEN LOS RESULTADOS TERMINOS QUE DESCRIBEN EL PROCESO POSIBLES EXPLICACIONES
Talla baja para la edad Baja estatura
Retardo del crecimiento
Cortedad de talla
Aumento de la talla insuficiente en relación con la edad respecto a la población de referencia . Mala nutrición y mala salud a largo plazo
. Baja talla familiar
. Retardo constitucional del crecimiento
. Fallo de medro
. Otras causas de baja talla
Talla alta para la edad Talla elevada Aumento de la talla elevado en relación con la edad respecto a la población de referencia . Alta talla familiar
. Maduración temprana
. Obesidad exógena
. Otras causas de alta talla
Peso bajo para la talla o IMC bajo para la edad Delgadez
Emaciación, Consunción
Aumento de peso insuficiente en relación con la talla o pérdida de peso . Desnutrición moderada o severa(<3 Percentil)
. Delgadez constitucional o desnutrición ligera (3-10 Percentil)
. Fallo de medro
Peso alto para la talla o IMC alto para la edad Sobrepeso Aumento excesivo de peso en relación con la talla . Obesidad exógena o endógena (>97 Percentil)
. Sobrepeso(>90-97 Percentil).

·Si consideramos las posibilidades descritas en la Tabla  y analizamos integralmente la situación del niño entonces podremos acercarnos a un diagnóstico más preciso de su situación nutricional y de salud. Evidentemente, no tiene iguales implicaciones un peso bajo para la talla, que es expresión de desnutrición o delgadez, si se acompaña de una talla normal - en cuyo caso probablemente estemos frente a un proceso de desnutrición cuyo tiempo de  evolución e intensidad aún no han logrado afectar la talla del niño, o sea, a una desnutrición aguda - a cuando éste se asocia a una baja talla, en el que el proceso probable de desnutrición o delgadez concomita con un retardo en el crecimiento del niño y ensombrece, por ende, su pronóstico, tanto a corto como a mediano plazo. De igual modo, una baja talla para la edad con un peso/talla normal puede ser sinónimo de una situación de homeorresis o, tal vez, es solo expresión de una baja talla familiar o de un retardo constitucional del crecimiento. Es decir, resulta imprescindible evaluar ambos indicadores integralmente ya que, como es fácil comprender, el diagnóstico del estado nutricional y de salud del niño así como su pronóstico a corto, mediano y largo plazo estarán muy vinculados con la relación que guarden estos dos indicadores.

·El peso para la edad es muy dependiente de la talla alcanzada; por esta razón, un valor alto de este índice no necesariamente implica un exceso de peso ya que, en muchas ocasiones, solo se debe a una talla elevada y a la necesidad de mantener una armonía adecuada en esta relación. Por su parte, un peso bajo para la edad puede estar asociado a un estado de desnutrición o delgadez o puede ser consecuencia de una baja talla; también en presencia de esta última podremos encontrar valores de peso/edad dentro de límites supuestamente normales que, sin embargo resulten excesivos para la longitud del niño. Por estas razones, este indicador es menos utilizado en la evaluación nutricional; sin embargo, en los menores de un año es extremadamente útil para vigilar los progresos del lactante para valorar la adecuación de la ingesta de leche materna o los sucedáneos de ésta, para estimar la edad apropiada de introducción de alimentos complementarios o para evaluar la idoneidad de la dieta de destete y la respuesta al asesoramiento sobre mejores prácticas de alimentación.

Cuando el peso no se encuentre dentro de los límites aceptados como adecuados, y siempre que las condiciones lo permitan, se procederá a evaluar la composición corporal del niño, con vistas a realizar un diagnóstico más preciso de su situación nutricional. Para ello se utilizarán el área muscular del brazo para evaluar la masa magra y el área de grasa y los pliegues grasos para valorar la masa magra y la distribución de la grasa corporal. Una vez ubicada la posición percentilar del niño en estos indicadores podremos encontrar las siguientes situaciones:

a) Niños con peso bajo para la talla que tienen un área muscular dentro de límites normales pero valores bajos de área de grasa o pliegues grasos: es una situación tipica de los niños constitucionalmente delgados, con buenos antecedentes de salud aunque, con frecuencia, anoréxicos; también puede observarse en formas leves de desnutrición.
b)Niños con peso bajo para la talla, valores bajos  de área muscular, de área de grasa y de pliegues grasos: Típico de las formas moderadas y severas de desnutrición. Recordar que el rasgo más típico de la desnutrición proteico-energética es la pérdida de masa magra.
c) Niños con peso alto para la talla, valores altos de área grasa y pliegues grasos, concomitando con valores elevados de área muscular: Típico de la obesidad exógena.
d) Niños con peso alto para la talla, valores normales de área muscular y valores altos de área de grasa y de pliegues grasos: Es común en las formas leves de obesidad.
e) Niños con peso alto para la talla, valores altos de área muscular y valores normales o bajos de área de grasa o pliegues grasos: Estos son niños constitucionalmente pesados, musculosos, de complexión atlética. También es común esta situación en deportistas, bailarines o en todos aquellos que por una u otra razón mantienen una carga de trabajo físico intenso.

Además de evaluar la composición corporal es recomendable analizar la distribución de la grasa corporal, especialmente en la adolescencia. Los niños tienen normalmente una distribución de grasa de carácter centrífugo, es decir, en la que predomina el acúmulo de grasa en las extremidades. La madurez temprana de los adolescentes esta vinculada con la tendencia a presentar una distribución centrípeta o centralizada de carácter androide; ello tiene efectos importantes sobre la salud pues se conoce que en estos casos aumenta el riesgo de morbilidad y mortalidad por enfermedades crónicas no transmisibles. Para evaluar en la práctica esta distribución basta con ubicar la posición percentilar del niño para cada uno de los pliegues grasos evaluados y comparar en cuál o cuáles de ellos se coloca en un canal más alto respecto al resto. En la actualidad también es muy utilizada la circunferencia de la cintura para esta valoración.

En el caso de que se esté analizando el estado del crecimiento en un niño menor de seis años también será importante evaluar la circunferencia cefálica con vistas a monitorear el crecimiento del encéfalo y descartar entidades como hidrocefalia, microcefalia, etc. Recordar que cuando la desnutrición ocurre muy tempranamente en la vida del niño también puede afectar esta dimensión.

En los niños con antecedentes de prematuridad será necesario realizar la corrección de la edad señalada en la interpretación de las distintas dimensiones.

Cuando se evalúe a un adolescente será necesario tomar en consideración el estado de maduración sexual. Recordar que los maduradores tempranos ascienden transitoriamente a canales superiores a aquel en el que venían transcurriendo durante los años preescolares y escolares en los inicios de la adolescencia mientras que los tardíos descienden temporalmente.

Evaluación longitudinal: Para hacer un juicio más certero del estado del desarrollo físico alcanzado por un niño, es necesario tomar en consideración las medidas previas que existan disponibles o, en su defecto, seguirlo sistemáticamente durante un tiempo para evaluar la estabilidad o canalización de su crecimiento. Esto puede ocurrir en diferentes circunstancias, entre ellas tendríamos:

§ Cuando estamos monitoreando el desarrollo del niño en la consulta de puericultura.
§ Cuando en una primera evaluación se observe que presenta una ubicación atípica respecto a la población de referencia, o respecto a sus potencialidades, en cualquiera de los indicadores evaluados.
§ Cuando estamos utilizando la evolución del desarrollo físico del niño como un criterio para evaluar el impacto de un determinado tratamiento o para conocer el grado de compromiso que está ejerciendo una enfermedad sobre su estado nutricional y de salud.
§ Cuando deseamos conocer las características del crecimiento de recuperación en el seguimiento de niños desnutridos.

En este caso, la interpretación del estado  del crecimiento del niño se basa no sólo en la evaluación de la posición percentilar de sus dimensiones sino también, y de modo especial, en la dirección que presenta su curva de crecimiento. Esta dirección puede mostrar, en esencia, tres variantes:
 
1. Hacia arriba, en igual dirección que las curvas de referencia. Indica que el niño muestra canalización de su crecimiento y que éste es normal y adecuado.
2. Horizontal. Significa que el niño no está progresando debidamente, que no está ganando peso o que ha dejado de crecer. Constituye una señal de alarma.
3. Hacia abajo. Solo válido en el caso del peso, indica que hay una pérdida del mismo. Requiere de atención inmediata.

En todas estas circunstancias resultará muy útil, además de evaluar la evolución de la posición percentilar del niño con el decursar del tiempo, estimar, para cada una de las ocasiones en que resulte posible, el valor de los puntajes Z de la talla. La secuencia de valores de estos puntajes nos dará una estimación muy sensible de los cambios ocurridos. El incremento de su valor es expresión de una evolución adecuada y viceversa.

Al concluir este capítulo es importante aclarar que, en realidad, no existen límites precisos que separen lo normal de lo anormal. Los criterios de clasificación que aquí se mencionan no son útiles para propósitos de diagnóstico sino sólo para separar grupos de individuos que presentan cierta característica en común, en dependencia de la cual deben ser o no estudiados de manera más detallada. Ya hemos visto que un valor localizado en un percentil extremo que hace sospechar enfermedad o atipicidad puede resultar normal cuando las mediciones repetidas tienen una tendencia uniforme; por el contrario, un cambio brusco de canal aunque cada registro se encuentre dentro de la gama de la normalidad debe ponernos en alerta.

Por estas razones, es importante reiterar que lo más importante en la evaluación del crecimiento de un niño no es un registro aislado sino el seguimiento sistemático del comportamiento de sus dimensiones. Junto a este seguimiento siempre habrá que considerar los factores hereditarios y las condiciones del medio en que cada niño se desarrolla.

Crecimiento y Desarrollo® Propiedad de la FCM "Julio Trigo López" "Crecimiento y Desarrollo"
Este sitio está dirigido a los Estudiantes de las Ciencias Médicas. Válido XHTML | CSS