Armonía:
El ser humano crece proporcionalmente, variando las relaciones entre los diferentes segmentos y dimensiones corporales en las distintas etapas de la vida. Los recién nacidos tienen la cabeza relativamente grande respecto al cuerpo en comparación con los adultos y sus piernas son relativamente cortas; ello se debe a que el crecimiento y desarrollo ocurre en sentido céfalo-caudal y, por esto, la longitud de la cabeza representa el 50% de la longitud del cuerpo en el feto de tres meses, el 25% al nacimiento, el 16,5% a los seis años y el 12,5% en el adulto.
También las relaciones entre el peso y la talla de los niños varían con la edad. Durante el primer año se incrementa la cantidad de peso por unidad de longitud, lo que condiciona que los niños adquieran un aspecto rechoncho o regordete, con roscas en las extremidades; posteriormente esta relación disminuye de manera bastante brusca, adquiriendo entonces el niño una figura delgada y alargada que se mantiene durante los años preescolares y escolares hasta el inicio de la adolescencia.
Estas variaciones en las relaciones que existen entre el peso y la talla de los niños son debidas a las diferentes velocidades en el crecimiento de estas dimensiones pues mientras el niño sano, nacido a término, duplica el peso del nacimiento a los 5 meses y lo triplica al año, en ese mismo período la talla se incrementa sólo en un 50% respecto al valor inicial del nacimiento; posteriormente estas relaciones se modifican y producen una disminución de la cantidad de peso por unidad de longitud, originando la figura delgada del preescolar y escolar.             

Otra forma en que se exhibe la armonía del crecimiento se expresa en las diferencias que existen en la longitud de los distintos segmentos de las extremidades. Así, por ejemplo, el pie siempre se encuentra más cerca del tamaño adulto que la pierna y ésta, a su vez, más próxima que el muslo. En el caso de los miembros superiores ocurre un fenómeno similar, de modo que el extremo del miembro, en este caso la mano, está más adelantada en su madurez que el brazo.

De todo lo anterior se puede comprender que existen en el organismo todo un conjunto de fuerzas reguladoras que armonizan las velocidades de crecimiento de una parte con la de otra, lo que exige engarces de gran precisión que no siempre consiguen un ajuste adecuado; esto produce situaciones de desorganización en el proceso de crecimiento que pueden ser de mayor o menor envergadura y dar origen a trastornos de la agudeza visual (cuando no armoniza adecuadamente el crecimiento del globo ocular con el del cristalino del ojo), trastornos ortopédicos (que son muy frecuentes en la población) o pueden condicionar anomalías variadas e importantes del crecimiento como, por ejemplo, en el Síndrome de Down o Mongolismo en el que se reúnen anomalías físicas y defectos mentales.